Una pulsera de eslabones de oro que perteneció a mi abuela, revive por el fuego transformada en cuatro colgantes, para mi madre y mis dos hermanas. Cuatro joyas de recuerdo que nos unen.
Fue un proyecto muy personal y con mucho simbolismo, que dió como resultado cuatro colgantes con un mismo origen, que se funden y toman formas diferentes, como nosotras.
El proceso de creación de este proyecto tuvo la incertidumbre de no saber exactamente cómo iba a comportarse el oro frente a la llama de fuego. El miedo de no conocer cómo va a ser el resultado final, dotó de más simbolismo al proyecto.
Cada colgante partió del mismo eslabón. Un mismo origen y peso en oro, que tomó una forma diferente, como los miembros de una misma familia.


El resultado es una joya de recuerdo, sencilla en apariencia, pero con un valor simbólico muy potente para quienes la llevamos.
Siempre llevo puesto mi colgante. Pero no me lo veo, solo lo siento, caliente sobre mi piel.
Y lo reconozco – me reconozco – cuando veo a mi madre y mis hermanas con los suyos puestos.


