Él de Vigo, ella de Donosti… las mareas les habían unido incluso antes de conocerse en Génova, otra ciudad costera.
Este concepto tan potente fue el punto de partida para diseñar esta alianza y broche de boda en los que detuve en un instante el movimiento sinuoso de las mareas y su oleaje.

Él no quería llevar alianza de boda así que pensamos en qué otra pieza de joyería podría sentirse cómodo llevando y que pudiera tener un protagonismo en la ceremonia, igual que el intercambio de anillos.
Sería un broche. Un broche circular, igual que una alianza, y que, por su mayor tamaño, pudiera acogerla en su interior.
Para ello el mecanismo de cierre tenía que ser muy especial para que no atravesara el broche, como en sucede en general. La aguja es también circular, y gira sobre el broche guiada por cuatro puntos, los puntos cardinales (volviendo a las mareas y la navegación).
El broche funciona así, tanto puesto como quitado.
Las piezas están realizadas en cera tallada y vertida por goteo para su posterior fundido en metal. Este proceso de fabricación, pasando del líquido al sólido tras el enfriamiento del metal, me pareció muy acorde con la idea del diseño. Como si al estar en un estado fluido, el metal se hubiera desplazado hacia la zona de marea alta, vaciando el resto del aro y hubiera quedado solidificado en ese momento.
La alianza está fundida en oro amarillo de 18K y el broche en plata de Ley. Dos lugares – dos materiales, unidos por las mareas.



