MJ y D vinieron a verme con oro heredado y unas gemas que los padres de ella habían comprado hacía tiempo en sus viajes.
Era una colección de diferentes tallas de esmeraldas y topacios y un pequeño diamante en talla brillante. Las habían tenido guardadas muchos años, hasta que han encontrado esta ocasión perfecta para utilizarlas.
Cada uno quería mantener su estilo en su alianza y eso me encantó. Tenían muy claro que la frase que iban a grabar: ‘une sin atar’ era importante para que una relación funcione. Decidimos que lo que uniera estas alianzas, hechas del mismo oro fundido, fuera un topacio compartido.
Los topacios y el oro mezclado de ambas familias unifican entonces estos dos mundos opuestos que van a formar una unidad donde cada uno respeta y de hecho quiere y necesita las individualidades del otro.
El anillo de D lleva engastado en chatón cerrado un topacio rectangular, que queda elevado respecto de la banda. Sin ninguna decoración, sin ninguna curvatura, geometría pura.
El anillo de MJ, sin embargo, aunque mantiene esa geometría en la banda, se convierte en un mundo de pepitas que acogen una esmeralda, un topacio y un diamante. Es volumen, es libertad.




