A, la chica que lleva ya siempre en su dedo este anillo, es naturaleza pausada. Le gusta salir a pasear o montar en bici en la montaña, viajar y leer (trabaja en una librería de viajes).
Por eso, lo que intenté con su anillo de pedida a medida fue que cuando lo viera, la trasladara a esos momentos de paseo por el bosque, pisando roca y hojas secas, con la luz que se cuela entre las copas de los árboles.
La esmeralda en talla pera, elevada y engastada con tres finas garras, destaca sobre el anillo como la delicada cubierta vegetal de los bosques.
Las pepitas de oro, sin embargo, con su textura y disposición, opacas y rudas pero también delicadas, son como la hojarasca sobre la que paseamos en el bosque.


