Un anillo en el que el pasado se transforma en futuro y la herencia se vuelve inicio.
Este anillo nace del deseo de mantener vivo un legado familiar, de transformar lo heredado en algo nuevo sin perder su raíz.
Él me trajo unos pendientes que habían pertenecido a su abuela, una mujer, de la que me contaba, creaba una sensación muy intensa de familia.
Queríamos que el nuevo anillo hablara de seguir haciendo familia, que continuara el hilo de lo que su abuela había comenzado y su madre continuado.
Los pendientes eran una maravilla así que le propuse utilizar para este anillo de pedida solo la parte colgante de uno de ellos, para que su madre pudiera seguir usándolos.
Desmonté la pieza, extrayendo las esmeraldas y comprobando que en el pendiente original iban colocadas sobre una pasta oscura para resaltar su color. Al sacarlas del pendiente, se veía su tono más claro, más calmado, original. Es curioso cómo cambia el color de las gemas según dónde se coloquen, sobre todo en una tan traslúcida como una esmeralda. Al colocarlas sobre el oro, su tono volvió a cambiar.

Queríamos que el anillo fuera muy sencillo, una banda estable, pausada, que honra el amor por la familia, creando el espacio necesario para acoger una hilera de esmeraldas. Casi me recordaba a un bancal en el que sembrar semillas, que echarán raíces en el interior del oro a medida que la familia se expande hacia fuera.
El resultado es un anillo con las esmeraldas de su abuela, que honra el amor familiar y amplía su alcance, convirtiendo la herencia en un nuevo comienzo.
Un anillo que une tres generaciones en un mismo gesto: el pasado, el presente y lo que está por venir.



