Este anillo surgió de una conversación en el estudio que siempre recordaré porque ha hecho que cambie mi forma de moverme.
Elena me contaba que al vivir a caballo entre la costa del norte de África y del norte de España, tenía siempre el Norte muy presente y no giraba nunca los mapas para orientarse. Siempre, en su norte, estaba el mar.
Me di cuenta entonces de que lo que yo hacía, poniéndome en el centro y girando el mapa para ir avanzando, era una ilusión. Llegaba a mi destino, pero sin saber cómo, sin entender la ciudad, perdida. Y me pareció terrible. Literal y metafóricamente, creo que necesitamos saber bien qué camino estamos haciendo, qué pasos estamos dando para llegar a nuestro destino.
Utilizamos oro suyo de su infancia. Y esa masa de oro es su ancla a tierra. Su origen, su punto de partida.
Me contó hace poco Elena que al ver los reflejos del sol sobre la textura del oro había hecho que el anillo le perteneciera aún más. Una capa extra de significado que le habla sobre cómo una superficie dura y robusta guarda unas sutilezas y delicadezas que muestra a quien sólo ella quiere.



