Para hacer estas alianzas, tuvimos una charla muy bonita en el taller en la que ella me contó cómo ‘no olvidar mirar’ era algo clave en su relación. Un ‘no olvidar mirar’ entendido como activamente elegir, cada día, estar con su pareja. Y estar presente, cada día, para ganarse esa mirada.
Queríamos que ese recordatorio no fuera evidente en los anillos, que fuera un brillo que requiriera de una mirada atenta. De un esfuerzo. Como esa estrella que siempre está brillando pero no siempre le dedicamos el momento de levantar la vista al cielo, al atardecer, para encontrarla.

Ella lleva ese recordatorio en forma de diamante blanco semiescondido entre un universo de pepitas. Su brillo, en ocasiones lo hará más visible. Otras, lo estará menos.
En en anillo de él, que irá girando sobre su dedo, sólo una mirada atenta descubrirá, a veces, en la posición justa para verlo, el orificio del engastado de su diamante.
Porque ambos anillos llevan un pequeño diamante que traspasa el oro, de dentro a fuera en él, de fuera a dentro en ella. Un diamante que atentamente buscar y pacientemente encontrar.



