Cuando decidimos casarnos, en el año 2017, me hice mi propio anillo de pedida. Y quise hacerme un anillo que no hubiera hecho antes. Pensé que era el momento de probar algo nuevo; puestos a lanzarse al matrimonio, bien podía lanzarme a probar soldar pepitas de oro.
Así que durante unos meses estuve mejorando la técnica e hice el primer anillo de pepitas de oro, que se ha convertido en una seña de identidad de mi trabajo.
Era una pieza para homenajear esa decisión, más que un anillo de pedida en sí mismo. Un anillo formado por una hilera irregular de pepitas de oro que forman un camino incierto y entre las que aparecía un diminuto diamante gris. Era un anillo muy sutil, muy pequeño, algo indeciso.
En nuestro viaje de bodas fuimos a Lanzarote y de pronto vi que ese anillo pertenecía a ese territorio sin haberlo sabido. Lava solidificada violentamente, oro que surge del interior de la tierra, texturas de roca, color negro… era esa isla.

Seis años después, sin conocer esta historia, me contactó Eva de @avodahmoments para proponerme colaborar con ella en un editorial de boda en Lanzarote. Le parecía que mis joyas encajaban muy bien en esa isla… ¡cuánta razón tenía! Las olas, la roca y la lava están siempre en mi mente.
Quería preparar un anillo que volviera a hablar de ese lugar. Y lo que salió de mis manos, fue una reinterpretación de ese primer anillo.
Me sorprende, al verlo junto al mío, la confianza que hay en este. El lenguaje y los principios del primero siguen aquí, pero es más maduro. Me veo segura en camino elegido.
Para un anillo que ha acertado en su caminar por el malpaís.


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