Me pidieron hacer este anillo para celebrar la manera de pensar de una persona muy querida para ella.
Unos días después de charlar sobre cómo la veía y sobre lo que podría contar le escribía: “Pienso en sumergirse en un estanque, en un libro, dejarse mecer por esa lectura y los pensamientos. Y es turbio, porque no es un agua cristalina. Es un ópalo blanquecino con destellos iridiscentes que te sorprenden”
Y así comenzó este anillo para sumergirse, un anillo que habla sobre la complejidad de los pensamientos, de cómo puedes dejar que surjan ideas y trabajar con ellas.
Lleva un ópalo oval precioso, que cambia de color según cómo incide la luz sobre él. A veces blanco y calmado, otras con iridiscencias loquísimas amarillas o rosas.
Siempre he asociado los ópalos -con esa turbiedad y apariencia cambiante- a estanques: agua en calma que refleja la realidad de una manera muy especial -e invertida- al mismo tiempo que te deja entrever sus profundidades, provocando un juego de ilusiones, manchas de color y destellos de luz.
Con este anillo le entregaban un estanque particular para adentrarse en sus profundidades y dejar vagar la mente, mientras que los pensamientos empiezan a aflorar, aún sin forma definida, irreales.
Y trabajar con ellos hasta materializarlos en una conclusión. Igual que las pepitas de oro que rodean al ópalo van integrándose en una masa más sólida: el aro del anillo.





