Un anillo que es fuerza y pureza, como ella

UN ANILLO que es fuerza y pureza, como ella.

Esta es la historia de un anillo de ella para ella, un anillo que es fuerza y pureza. Es su amuleto, su recordatorio de que ella es el núcleo de su pequeña familia, que es su origen y su fuerza. Que debe de hacer lo que ella siente y no lo que otros suponen que debe hacer.

‘A’ me abrió su corazón, y para dar forma a la pureza, sinceridad y convencimiento que supone este anillo, me inspiré en las formas básicas de anillos romanos y griegos que veo en mis visitas a museos arqueológicos. Era un anillo que no debía de tener artificios, debía de ser muy simple y puro en su forma porque representaba algo muy profundo.

Representa una revelación, un convencimiento, tras la maternidad, de que su intuición, su manera de hacer y entender la vida eran las que debía seguir.

Y así llegué al diseño final en el que una única gema, un zafiro azul, emerge del metal representando esa nueva A, sabia y fuerte, que se convierte en el centro de todo.
El metal, queda deformado por ese surgimiento de la gema (casi un nacimiento, ahora que lo pienso), manteniendo el abombamiento que generó el zafiro cuando estaba en su interior.

En un principio le propuse representar a sus hijos y pareja, pero me dijo, y tenía toda la razón, que no había necesidad pues no existían ellos sin ella ni ella sin ellos.

Un anillo que es fuerza y pureza. Joyas a medida de MIGAYO
Un anillo que es fuerza y pureza. Joyas a medida de MIGAYO
Un anillo que es fuerza y pureza. Joyas a medida de MIGAYO

A me contó luego, que había vendido las joyas que tenía para pagar este anillo, porque esta era la joya que quería tener, una que tuviera un significado. Porque es ella, es un recuerdo permanente de su núcleo familiar y de haberse dado cuenta de que el centro de todo tiene que ser ella.

Que mis joyas signifiquen tanto, me hace inmensamente feliz. Gracias.

Una reflexión propia

Cuando A me contaba su historia me sentía muy identificada con ella. Creo que la maternidad nos conecta con una parte más animal y más pura de nosotras.

Con mi primer embarazo me di cuenta de que la mujer-animal y la mujer-ciudadana no eran siempre compatibles. Yo, que siempre me pensé igual que un hombre, con las mismas capacidades y vocación para triunfar en el trabajo, vi que mi cuerpo y mi mente me lo impedían porque estaban ocupados en una tarea mucho más importante. Tras unos meses de lucha, empecé a asumir la situación y a escuchar más a mi cuerpo, a estar más atenta a lo que me rodeaba, a sentirme sabia…y a, aunque suene extraño, sentirme más conectada con la naturaleza.

Y creo que ese estado fue importante para superar y apreciar lo que vino después, porque te conviertes en el centro de la vida de tu bebé, que depende cada momento de tí y de tus decisiones. Sentía que convertida totalmente en mujer-animal, mi intuición y decisiones eran las válidas y este convencimiento fue importante para compensar las inseguridades que el desconocimiento y la opinión de otros me provocaban. Por otro lado, dejar de ser temporalmente la mujer-ciudadana fue importante para dejar de contar el tiempo, las oportunidades laborales, los proyectos y los planes que perdía… y centrarme en disfrutar de mirar y cuidar de mi bebé. *

* No quiero dejar de admirar la labor del padre, que tiene que convertirse casi sin transición en el otro centro de este nuevo ser. Y yo, personalmente, no podría haberlo superado sin él.

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